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Eternos problemas con las nominaciones a los Goya

Unos días después de anunciarse las candidaturas para la 31ª edición de los Premios Goya, que se celebrarán el próximo 4/11 de febrero con Dani Rovira haciendo triplete como presentador, podemos ya reflexionar con calma y darnos cuenta del efecto déjà vu de unas listas que vuelven a pecar de lo mismo: concentraciones de nominaciones en las mismas cintas y los mismos cineastas, intérpretes revelación con amplias carreras a sus espaldas, ninguneos a las pequeñas producciones y absurdos (¿Julieta en Mejores efectos visuales pero no en Vestuario -donde sí está una cinta como Tarde la para ira- o Fotografía?).

Además, aunque esto es algo que sucede en los premios de casi todo el mundo, no se restringe a los Goya, un desprecio al género cómico, que irónicamente suele ser el que amasa más dinero en taquilla, y que hace que una cinta tan divertida como de alta calidad y originalidad cómo es Kiki, el amor se hace tenga sólo cuatro candidaturas. Los dramas arrastran más prestigio. Un monstruo viene a verme es la cinta con más menciones, 12, con Tarde para la ira o El hombre de las mil caras siguiéndola de cerca con 11 cada una. Julieta tiene 7 (sorprendiendo especialmente la ausencia de Adriana Ugarte como Mejor actriz) y Que Dios nos perdone 6. 1898, los últimos de Filipinas suma 9 candidaturas, y es el típico caso de film que arrasa en los apartados técnicos, siendo una producción histórica y con rachas de acción.

Ahora lo más ridículo y repetido: ¿Rodrigo de la Serna como Actor revelación por Cien años de perdón? Un hombre que lleva actuando desde los años 90 y que tiene no sólo 14 películas en su haber previas a ésta sino hasta una nominación al Bafta por Diarios de motocicleta, la cinta de Walter Salles de 2004. ¿Ruth Díaz o Raúl Jiménez por Tarde para la ira? Es la séptima cinta de ella y la novena de él, y además llevan más de una década actuando. Lo de Carlos Santos por El hombre de las mil caras o Anna Castillo por El olivo es más comprensible porque son sus primeros roles protagónicos, pero aun así chirría un poco. Está mal que estas cosas se permitan, dan una imagen espantosa. Y lleva pasando años porque los Académicos lo permiten. La resignación parece la única respuesta, y evidenciar el problema con textos como éste.

Autor: Adrián González Viña

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