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La forma del agua: un bello (y violento) cuento de hadas

La forma del agua es la última película de Guillermo del Toro, quien vuelve a la fábula metafórica con la que más éxito ha cosechado.  Con la gran favorita de los Oscar, Del Toro consigue su relato más compacto, tanto visual como narrativamente, creando una atmosfera de ensueño con la que encandilar al público pese a la sordidez y violencia latente.

Una historia de monstruos, príncipes y princesas en las que ninguno de ellos responde al prototipo. El monstruo aparente, la bestia marina, nos consigue enamorar gracias a una conseguidísima ternura. Por otra parte, el Gastón de esta moderna fábula de La bella y la bestia se nos presenta como el sumun de la masculinidad tóxica redefiniendo la monstruosidad en términos muy humanos. La princesa sin voz, no resulta especial por ello sino por ser una princesa fuera de lo común en cuanto a rasgos que la definen como personaje.

Con una ambientación que consigue la sensación de realismo mágico y una música excepcional, La forma del agua reconstruye el relato clásico de siempre para contarnos algo que ya sabíamos pero de forma muy diferente. En contra le juega la duración, con un guion que apuesta por dar dimensión a todos los personajes incluso si estos no lo necesitan. Del Toro además cae en algunos recursos de dirección demasiado tradicionales, y esto no es del todo malo, pero sí que me desentona con lo que parecen ser sus intenciones.

POSIBILIDADES DE OSCAR PARA LA FORMA DEL AGUA

La forma del agua opta a 13 nominaciones, casi igualando a las grandes de la Historia del cine, de las cuales está nominada a las más importantes. Dejando a un lado las técnicas -de las que espero gane Mejor diseño de producción-, las cuatro grandes categorías tienen muchas posibilidades.

Mejor película: La forma del agua en esta categoría parecía claro desde sus primeros screenings. Crítica y público han avalado esta singular obra de Del Toro, en parte por lo sencillo que hace parecer el trabajo que hay en una película de este corte. En conjunto, todo le funciona: interpretaciones -maravillosa Sally Hawkins-, música, montaje…sin cosas que realmente le desmerezca, si acaso su forma tan conservadora con un contenido a todas luces innovador. Es, desde mi punto de vista, la candidata más firme.

Mejor director: Del Toro se ha llevado años pensando en esta película, y eso se nota en el mimo y cuidado con el que está hecha. Personalmente, desde El laberinto del Fauno nada suyo me había logrado fascinar tanto. Es, con toda probabilidad, su mejor trabajo. Las posibilidades para que este Oscar caiga en sus manos son sumamente altas, sobre todo por el trabajo técnico del que hace uso para jugar con el agua en todas sus formas. Dos de las secuencias más bonitas y sencillas de la película son la clave para entender el por qué de esta nominación: la inundación del baño y las dos gotas de agua girando en el cristal del autobús. No obstante, existe un detalle con el que Del Toro podría haber jugado y que le llevaría sí o sí directo al Oscar: los silencios.

Guion original: tal y como me pasa con otros títulos nominados para el Oscar a mejor guion, el de La forma del agua tampoco me llega a convencer del todo. Si bien la estructura está bien ideada y el final se sale de los cánones esperados, el resto me parece bastante convencional. Lo más positivo es la transformación de los arquetipos, entre los que destaca la figura de un gran villano que, de nuevo, recuerda mucho al de El laberinto del Fauno. Más allá de sus personajes, La forma del agua posee un guion tradicional. Son los recursos estilísticos, como la falta de voz en su protagonista o los toques humorísticos, los que dotan de ritmo a la cinta. Se recrea a veces demasiado en tramas que, aunque ayuden a comprender a ciertos personjes, no aportan nada realmente y provocan una duración que se va haciendo excesiva en su segundo acto.

Mejor actriz principal: tres de los intérpretes de La forma del agua compiten en la categoría actoral, con nombres como los de Octavia Spencer o Richard Jenkins. No obstante, la más destacable de todos es Sally Hawkins con su adorable y fiera Elisa. Sin la posibilidad de usar la voz, Sally ejecuta una actuación que hubiera dejado al Hollywood de los primeros años encandilado por ella. El trabajo gestual que hace Hawkins es de congratular, porque solo con su cuerpo crea a una heroína vulnerable pero fuerte, valiente, decidida y rebelde. Su rival más fuerte es Frances McDormand, así que mi apuesta es que al final estará entre ambas.

Autor: Melania Morillo

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