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Opinión | Cómo Moonlight ‘sustituyó’ a El nacimiento de una nación en los Oscars

Los Oscars se revelaron ante el que arriba firma como una recompensa a las campañas y no como el más puro reconocimiento del talento en 2011, y como culmen de tres años de decisiones más que cuestionables: ¿Slumdog millionaire (Danny Boyle, 2008) merecía 8 galardones, incluyendo Mejor película?, ¿Sandra Bullock como Mejor actriz por The Blind Side (John Lee Hancock, 2009?, ¿El discurso del rey (Tom Hooper, 2010) ganaba a La red social (David Fincher, 2010) como Mejor película y Mejor director? Y la lista sigue desde entonces.

Juzgar la calidad de una serie de películas, interpretaciones, guiones, trabajos técnicos, cortometrajes… es muy complicado. Habrá quien piense, por ejemplo, que En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008) es mejor que Distrito 9 (Neil Bloomkamp, 2009), y entrar en ese juego de discusiones es una batalla perdida de antemano. Pero cuanto más sabe uno de los Oscars y más metido está en el juego de las campañas previas, más se desilusiona y se da cuenta de que hay más en consideración que el mero talento. ¿Ingenuo pensar que el talento bastaba? Puede, pero debería ser así.

El viernes pasado se estrenó en España El nacimiento de una nación (Nate Parker, 2016), que hace poco más de un año provocó una fuerte reacción en el Festival de Sundance y automáticamente, coincidiendo además con la polémica de los #OscarsSoWhite, se colocó como una clara candidata para los galardones de la edición número 89, cuyas nominaciones se anunciaron hace unas semanas. Pero El nacimiento de una nación no consiguió mención alguna, ni tampoco en los Globos de Oro, los Premios de la Unión de Actores o los Independent Spirit Awards. Como ‘sustituta’ ha entrado Moonlight (Barry Jenkins, 2016), que ha llegado a estos premios con fuerza, ganando de hecho el Globo de Oro a Mejor película y siendo una firme candidata al Oscar a Mejor actor de reparto. También está entre las nominadas Figuras ocultas (Theodore Melfi, 2016), pero solo con tres menciones (Película, Actriz de Reparto, Guion adaptado), así que la consideramos mejor un bienvenido efecto colateral.

¿De qué, se pueden preguntar? De la intensa campaña de desprestigio que trajo #OscarsSoWhite, y que desde hace un año dejó claro que los Oscars de 2017 tendrían nominados no-blancos, específicamente negros (más que nada porque los asiáticos o latinos no han logrado hacer el ruido necesario). Y que entre las candidatas a Mejor película habría al menos una protagonizada por gente negra. Daba igual cual fuera en el fondo, y que Moonlight sea o no una buena película es secundario. Lamentablemente.

¿Cómo se cayó El nacimiento de una nación de la carrera a los Oscars? El pasado verano, y mientras la película crecía y crecía en popularidad y se empezaba a crear su puesto en la carrera, se recordó que el director y protagonista de la cinta fue acusado junto a su amigo Jean Celestin de haber violado a una joven en 1999, siendo los tres estudiantes de la Universidad de Penn State. En 2001 Parker fue exculpado del caso. La mujer quedó marcada por el incidente, como contaba su hermana en este editorial, y tristemente se suicidó en 2012. Aunque el director defendió su inocencia y recordó el veredicto ante cualquiera que preguntara, las empresas que apoyaban la campaña para la película remitieron en sus esfuerzos de hacerlo, y finalmente no ha habido rastro de ella en casi ninguno de los premios más importantes. Solo en el Sindicato de Directores, que nominó a Parker como Mejor director novel, aunque no ganó el premio.

Antes de seguir con el texto hay que dejar claro, por supuesto, que no se busca frivolizar aquí un asunto tan serio como el del acoso y la violencia sexual. La inocencia o culpabilidad de Parker no es algo que, en última instancia, se pueda afirmar con rotundidad, pero ese no es el ánimo del texto. Lo que queremos decir es que, dentro de la maquinaria de Hollywood, un asunto tan espinoso para alguien no consagrado -este matiz es importante, solo hay que pensar en Casey Affleck, Bill Cosby, Roman Polanski, Bryan Singer o Woody Allen- implica que no se quiera profundizar más.

El nacimiento de una nación desapareció por tanto de las quinielas y apenas un par de semanas después, con el estreno mundial de Moonlight en el Festival de Telluride, se produjo la ‘sustitución’. Una nueva cinta que sale de un festival muy celebrada, con protagonistas negros y temática LGTBQI, para más inri. La combinación perfecta. ¿Cínico? Seguramente, pero observar durante años estas campañas hace a uno así. Cuando Isabelle Huppert se está recorriendo medio país dando entrevistas para hablar de Elle (Paul Verhoeven, 2016), se sabe que le han dicho que así tendrá más posibilidad de galardón, tras haber ganado el Globo de Oro. Joaquin Phoenix denunció hace años la hipocresía de estos circos mediáticos, y logró ser nominado por The Master (Paul Thomas Anderson, 2012). Algo similar pasó con Terrence Mallick y El árbol de la vida (2011), con su negativa a aparecer en público para discutir su trabajo. Pero son excepciones que confirman la regla.

No basta el talento, también hay que venderlo. Y eso en sí no está mal, porque uno quiere que los espectadores vayan a ver las películas que han hecho. Al final, los premios cumplen mejor su propósito si logran que una cinta se reestrene y aumente su taquilla, las ventas de DVD/Blu-Ray o las de visionados online en servidores de pago. Pero la crítica entra cuando películas de altísima calidad no entran en la carrera porque ninguna distribuidora las ha comprado y esté financiando sus campañas de promoción. Ese es el problema: que El nacimiento de una nación se haya caído y Moonlight haya entrado porque alguien así lo ha decidido, cuando seguramente habrá cintas con protagonistas negros -o latinos, o asiáticos- mejores en calidad. Así sustituyó MoonlightEl nacimiento de una nación en la carrera por el Óscar. ¿Se entiende ya mi desilusión?

Autor: Adrián González Viña

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