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American Horror Story: Roanoke o la redefinición de un estilo

La espera y la intriga por la nueva American Horror Story ha terminado. Este fin de semana llegaba a nuestro país su sexta temporada, la cual ha sido bautizada como American Horror Story: Roanoke. La sorpresa y el estupor –del bueno- frente a esta renovada propuesta me hace arquear las  cejas como seguidora de la serie, expectante por saber si logrará o no agradarme de una vez por todas a lo largo de todos sus episodios y no decepcionarme a la mitad, como me lleva pasando desde Coven.

Y es que seamos sinceros: American Horror Story ya empezaba a cansar. Sus trucos de guion buscando el morbo por el morbo en las escenas más gore ya no resultan espeluznantes. Tampoco su deliberada -des-composición en los planos, ni sus atrevidos y complejos juegos de cámara que más que asustar, intimidar o agobiar al espectador lo mareaba. Su estructura, demasiado repetitiva a partir de la tercera temporada, se veía venir a leguas y la sorpresa se perdía por el camino. Me pasó con Hotel, la última y más reciente: supe cuál sería el giro final porque sabía perfectamente su estructura episódica.

Los altibajos en las series de Ryan Murphy son terreno conocido para mí. Pese a la cierta antipatía que me supone él como personaje, he decir que su capacidad creativa me asombra y siempre acabo cayendo frente a una nueva propuesta suya. American Horror Story me parece una obra exquisita en algunos aspectos, una perfecta mezcolanza de mitos, historias y terrores que apuntan a lo más oscuro del ser humano. Pero a este autor le pierden sus propias ideas, algunas tan ambiguas que no llega a plasmarlas con claridad y que no hacen sino confundir al espectador. Adrián González lo decía mejor que yo en este fantástico artículo.

Con Roanoke, tanto él como Brad Falchuk buscan la redención desde sus cimientos, anunciando desde un primer momento que American Horror Story: Roanoke sería algo distinto. Ambos han redefinido la serie en todos sus aspectos, comenzando por la promoción. Los teasers y pósters repletos de fragmentos perturbadores y horrendos son algo común en su estrategia de marketing pero hasta este momento no habían sido tan deliberadamente inconexos. El juego al despiste, a esconder el nombre y la trama oficial de la serie no han sido sino pistas para preparar mentalmente al espectador. Una forma sutil pero clara de decirnos a la cara “no sabéis lo que vais a ver”. Tanto es así que ni la música de la intro se ha mantenido.

Efectivamente así ha sido. Con el 6×01 llega la innovación, algo que la saga necesitaba desesperadamente y que ha sido introducida, desde mi punto de vista, de forma muy inteligente. El riesgo es elevado: quizá a la mayoría de los espectadores el formato convencional les parece perfecto y el hastío, que creo es generalizado, no es tal sino todo lo contrario. Puede que solo sea yo o cierto sector de su audiencia minoritaria quien se haya cansado de ver lo mismo. No obstante, sea como fuere, Murphy y los suyos han decidido dar un viraje y el resultado es muy satisfactorio. Cambiar completamente el formato y apostar por el mockumentary se podría considerar casi como un salto al tiburón, aunque realmente la temática de la serie no cambia y se sigue hablando de terror y pesadillas. Optar por contar la historia a dos tiempos, introduciendo elementos novedosos ha sido la decisión más sabia que han podido tomar.

Me atrevería a decir que no solo eso: American Horror Story: Roanoke también es una redefinición del estilo en el aspecto formal y cinematográfico.  La serie deja atrás los planos largos y tomados desde las alturas de las escaleras para pasar a centrar la acción en los propios personajes. Se va descubriendo paso a paso lo que Shelby, el personaje de Lily Rabe/Sarah Paulson, ve, sin necesidad de focalizar la atención en los nuevos villanos. El estilo, si se me permite el atrevimiento, se ha vuelto más convencional y más cercano al nuevo cine de terror comercial liderado por James Wan. Esto no es necesariamente negativo, sino más bien una apreciación estilística que me llama poderosamente la atención.

El espacio vuelve a ser un elemento clave, un personaje más. La granja adquirida por el dúo protagonista consigue engatusar al espectador desde su primera aparición, proyectando esa sensación de peligro a la que Shelby alude al principio. De nuevo, el lugar de la acción recupera su importancia como en su primera temporada o Asylum. En Hotel, el Cortez tenía personalidad pero no alma, y lo mismo daba un rincón que otro del lugar. Demasiado lujo y demasiado truco visual lo hacían perder fuelle.

Roanoke puede ser el cambio que American Horror Story necesitaba, y pese a que todo esto son conjeturas con su episodio piloto, las vibraciones son buenas y consiguen ilusionarme de cara a esta nueva temporada. Puede que solo sea el entusiasmo hablando pero presiento que esta vez, Murphy y compañía han conseguido venderme la idea.

Autor: Melania Morillo

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