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Crítica de la temporada 3A de El Ministerio del Tiempo

*esta crítica contiene spoilers*

El Ministerio del Tiempo (2015-) ha despedido la notable primera parte de su tercera temporada con una nota muy emotiva que marcaba la salida, se supone que temporal, de la espléndida Aura Garrido, que no por haberse ya anunciado nos ha pillado menos desprevenidos. Han sido seis episodios los emitidos hasta la fecha, con los siete restantes volviendo a la parrilla en septiembre, un hecho del que nos enteramos hace apenas unos días, pero que no es nuevo en la televisión en España. Series como El internado (2007-2010), Águila Roja (2009-2016) o El Príncipe (2014-2016) también han dividido en dos tandas algunas de sus temporadas.

La tercera de El Ministerio del Tiempo se presentaba con las expectativas altas, no sólo porque su mera existencia se antoja milagrosa para más de una/uno, sino porque había que lidiar con la salida de Rodolfo Sancho, el regreso de Hugo Silva y un comentado aumento de presupuesto que les ha permitido jugar más con los exteriores de nuestro país. Y en el fondo nada ha cambiado, dicho como el mejor de los cumplidos. Su mezcla genérica (un argumento de ciencia-ficción que permite a la serie ser drama histórico, comedia de enredo, relato de aventuras o cine de terror) sigue funcionando a la perfección, y su combinación de humor, guiños a nuestra actualidad y metaguiños -con Timeless (2016-) y la demanda de plagio como punto de mira- no ha perdido ni un ápice de frescura.

Esta media docena de episodios se ha aprovechado de las posibilidades de su premisa para mostrar en España a Alfred Hitchcock, William Shakespeare, Gustavo Adolfo Bécquer, Francisco de Goya, la Duquesa de Alba, la Reina Margarita, Alfonso XII, Manuel Godoy, el regreso de Cervantes y Lope de Vega y muchos más. Y lo han hecho arriesgando, ya que el acostumbrado didactismo de la propuesta sigue presente pero sin olvidar que El Ministerio del Tiempo no es una biografía por fascículos. Ante todo tratamos de una historia de personajes metidos en circunstancias extraordinarias, que se toma el tiempo necesario para que los protagonistas sean seres humanos tridimensionales (las contradicciones de Alonso en su relación con Elena) y los problemas a los que se enfrentan universales y comprensibles.

Pero el gran problema de El Ministerio del Tiempo persiste, y es que a la postre estamos ante un serial de aventuras para todos los públicos presa de las limitaciones de la estructura de “la-misión-por-semana” con final feliz -donde la misión se va a arreglar cinco/diez minutos antes del desenlace, dejando el tiempo suficiente para cerrarlo todo bien, lo macro (la subtrama general) y lo micro (las interacciones de los personajes)- y de los problemas inevitables que produce tratar la temática de los viajes en el tiempo -algo que por lo menos la serie explicita en sus diálogos, ya que escucha a su audiencia-.

Tras un potente arranque de temporada, la calidad bajó ligeramente con el tercer episodio, una historia de brujería con demasiados encajes de guion incongruentes, pero la siguiente entrega fue un ejemplo de lo mejor que puede ofrecer El Ministerio del Tiempo, estableciendo un nivel que los dos siguientes episodios han seguido hasta despedirse temporalmente con la sexta entrega. Con una mayor confianza en sí mismos como guionistas, el co-creador y showrunner Javier Olivares y su equipo están apostando más por su trama serializada de los que usan los viajes en el tiempo para cambiar la historia, con las organizaciones secretas rivales y la brillante idea de continuar con el personaje de Lola Mendieta en su versión joven, a la que da vida una estupenda Macarena García.

Es complicado ofrecer una valoración crítica de un bloque de episodios, cuando los siete restantes pueden contener elementos que contradigan lo que ahora pueden parecer fallos, pero bastará decir que El Ministerio del Tiempo no ha perdido ninguno de los elementos que la hacen una gran serie y una clara favorita entre los seguidores de la ficción arriesgada. Era una apuesta casi suicida en su momento, pero que con humildad y ganas de entretener se ha convertido en una apuesta imprescindible. Con sus peros y problemas, pero rebosantes de un carisma en reparto y factura que hace que su visionado siempre sea, como mínimo, interesante. Que llegue ya septiembre, queremos más.

Autor: Adrián González Viña

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1 Comentario

  1. Estos capítulos de la tercera temporada no me han gustado. A ver si mejoran los que emitan en septiembre.

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