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Crítica de las 3 temporadas de “La caza”

*Este escrito contiene spoilers

UN FASCINANTE VIAJE AL LADO OSCURO DEL SER HUMANO

La caza pertenece a esa variante de series que no son una experiencia agradable de ver. Es fascinante, interesante y atractiva, pero no agradable. Y lo es porque se mete en terrenos muy oscuros, porque retrata psiques siniestras y vive en un constante estado de exploración de lo más primario y tenebroso del ser humano. Allan Cubitt ha creado un esquinado y apasionante artefacto que va un paso más allá en el clásico argumento del juego psicológico del ratón y el gato entre una policía y un asesino (el funcional título español es La caza, mientras que el original The Fall alude a algo más profundo) al mostrar paralelamente la actividad de la detective y el asesino en serie sin que ninguno sepa que se están buscando. Luego se muestra esa caza de manera activa y finalmente las consecuencias, tanto en los personajes como en sus respectivos entornos.

Y es suficiente con 17 horas para hacer eso, aunque Cubitt es demasiado laxo con su manera de jugar con los avances y retrasos de la investigación, lo cual llama la atención porque contrasta con lo meticuloso que es para otras cosas (todo Silencio y sufrimiento (3.1) parece un exhaustivo documental médico) y la importancia que le da a que todos los elementos de su serie tengan sentido y estén conectados de alguna forma –aunque está claro que abandona algunas tramas a placer, como las de los poderosos mandamases y sus fiestas del exceso–. Puede que sea el precio a pagar por escribir él sólo cada episodio, el meterse en líos de los que cuesta salir. El problema es que La caza, que en casi todos los aspectos es una serie excelente, presenta demasiados líos como éste que apuntamos. Líos que no pueden sino restarle calidad, porque revelan a un guionista (y director en la 2ª y 3ª tanda) que hace un precario encaje de bolillos para que cuadren las piezas del puzzle –la falta de restricción física de Paul en la última temporada es ridícula, y sólo está ahí para propiciar los momentos que propicia–. Y es una pena.

The Fall Behind the Scenes

La historia comienza cuando la detective Stella Gibson (espléndida Gillian Anderson) llega a Belfast para investigar la muerte de una joven, de la que se cree responsable a su marido, hijo además de un hombre poderoso. Pero desde el principio la audiencia sabrá que el asesino es Paul Spector (estupendo Jamie Dornan), padre de familia y trabajador social ejemplar que asesina mujeres de manera morbosa y ritualística. Cuando el número de muertes crece, Gibson cambia el enfoque y se comienza a buscar a un asesino en serie. El punto de partida se complica y retuerce de tales maneras que relatarlas aquí sería un ejercicio tonto, porque los giros y sorpresas de La caza es mejor experimentarlos, dejarse llevar por lo que al fin y al cabo es un estudio en profundidad sobre seres dañados en su infancia y cómo la sociedad engendra monstruos.

Lo que distingue este policiaco de tantos y tantos otros es que importa más la palabra que la acción. Así, las causas psicológicas, las motivaciones tras los asesinatos y las consecuencias en el alma de las personas pesan más que los momentos de violencia en sí, inquietantes por la sencillez y brutalidad con que se presentan, remarcando lo vulnerables que somos todos ante la amenaza inesperada. Y esto a une a la importancia de la atmósfera que tiene la serie, donde afecta la apagada luz de las estancias, los paseos nocturnos de los personajes o la constante sensación de que llueve fuera. La paleta de colores es fría, y no es ninguna casualidad, ya que ayuda a crear un clima de pesadumbre, tanto visual como anímico, y que acaba por hacer que el estado de ánimo del espectador se sincronice con el del thriller.

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Porque, de nuevo, La caza no es una serie agradable. El humor hace apenas su aparición –y cuando lo hace es más bien una deliberada sonrisa irónica ante algunas situaciones– y no hay mucho respiro entre los avances de la investigación, porque el sexo no es sexy y la ternura caduca. La excelente música de Keefus Ciancia & David Holmes termina de redondear el asunto, y convierte toda la apuesta visual y sensorial de la serie en una penumbra constante.

Si por algo es también reivindicable es por su marcado signo feminista, aunque irónicamente sus responsables hayan tenido que soportar acusaciones de misoginia hechas rápido y sin pensar, que se quedan sólo en el hecho de que Paul mata y agrede sexualmente a las mujeres pero no reparan en que lo hace porque es un personaje repugnante, que no se justifica en nada más que su propia misantropía, que empieza consigo mismo y afecta a todo y a todos los que le rodea. También es egocéntrico, orgulloso –Stella logra que revele su verdadera cara apelando a esto en múltiples ocasiones– y un manipulador. Respecto a la idea de que Cubitt es un misógino, sólo hay que tratar de pensar en una serie que haya explorado tanto a sus personajes femeninos (que haya varios bisexuales o lésbicos no es gratuito) y que haya empoderado tanto a las supervivientes de una agresión sexual. Ya no sólo Stella, gran personaje con frases para el recuerdo, sino el resto de féminas de La caza. Son distintos ejemplos de cómo lo Masculino puede afectar a lo Femenino, porque Paul no deja de ser en esencia un hombre en su aspecto más primitivo, brutal y dominante. De nuevo, poco es baladí en esta notable producción. Y las hay débiles, confusas, frágiles como las hay fuertes, seguras de sí mismas y dominantes. Humanas, en definitiva.

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Esa clásica estructura de juego de caza se extiende también a la manera en que el creador organiza las diferentes tramas, porque a Alan Cubitt le gusta jugar con sus espectadores. No será una experiencia agradable ver La caza, pero sí bastante entretenida. Un entretenimiento duro y severo, que no se ahorra momentos de crudeza pero que tampoco se ensaña en exceso. Y lo importante es que está siempre por encima de sus personajes, los hace errar a lo grande (Paul en el asesinato múltiple, Sally Ann con sus hijos, Stella con la identidad de Rose) que para eso son seres de carne y hueso y mueve sus destinos con una marcada sensación de fatalismo pero también cargas de misterio. No está claro muchas veces qué pasa por la mente de estas criaturas, pero eso es parte de la deliberada apuesta por la ambigüedad que vertebra el policiaco, y que está presente desde el primero hasta el último minuto.

El desenlace de esta historia no podía ser otra cosa que negro, terrible, impactante por lo imprevisible de la última temporada y la manera en que todos los hechos confluyen hasta que Their Solitary Way (3.6) deja sin respiración. Porque, como con todo en la serie, es su máximo responsable el que decide, no las necesidades de la historia. Para bien y para mal, con sus torpes flecos sueltos y sus buscadas preguntas sin respuesta. Y concluye para siempre la historia del Estrangulador de Belfast –que no la de Stella Gibson, ya que el creador ha dicho que podría recuperar el personaje para otro caso en el futuro– de manera polémica, en lo que para algunos será justicia y para otros la última broma macabra del asesino. Él gana y pierde a la vez, pero para el espectador es un triunfo el haber sido testigos de una inmersión tan atrayente en una mente así, donde el Mal reina.

FICHA TÉCNICA

  • Título original: The Fall.
  • Cadenas: RTÉ / BBC 2.
  • Duración: 17 capítulos.
  • País y año: Irlanda, Reino Unido, 2013, 2014, 2016.
  • Creador y guionista: Allan Cubitt.
  • Directores: Allan Cubitt, Jakob Verbruggen.
  • Reparto: Gillian Anderson, Jamie Dornan, John Lynch, Aisling Franciosi, Niamh McGrady, Bronagh Waugh, Sarah Beattie, Stuart Graham, Bronagh Taggart, Valene Kane, David Beattie, Emmett J Scanlan, Richard Clements, Claire Rafferty, Colin Morgan, Kelly Gough, Archie Panjabi, Karen Hassan, Tara Lynne O’Neill, Gerard Jordan, Tara Lee, Siobhan McSweeney, Jonjo O’Neill, Nick Lee, Brian Milligan, Chris Corrigan, Paul Kennedy, Gerard McCarthy.
  • Fotografía: Ruairí O’Brien, David Grennan.
  • Música: Keefus Ciancia & David Holmes.

Autor: Adrián González Viña

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