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Cross-boarding, o cómo se rueda y ahorra a la vez

Desconozco de cuándo data exactamente la costumbre, pero sí puedo decir cuándo la empecé a notar yo. Fue con la cadena Showtime, que lleva años ejerciendo esta estrategia para con sus series. Series como United States of Tara, Nurse Jackie, Con C mayúscula, Penny Dreadful, Masters of sex o Happyish han vivido así su existencia. Es el cross-boarding, una suerte de técnica “autoral/anticrisis” según la cual un/a director/a rodaba dos capítulos seguidos, y el resultado era no sólo una manera curiosa de ahorrar dinero, a la que muchas sitcom recurren, sino que también garantiza que los directores invitados puedan desarrollar un poco de discurso propio en una hora.

Su evolución natural ha sido la llegada de cineastas con experiencia en cine que afrontan la tarea de rodar todos los episodios de una temporada porque así es como están acostumbrados a trabajar, en función de la localización disponible, una tendencia que viene siendo cada vez más frecuente en el mundo del cable, con Steven Soderbergh en The Knick (Cinemax) y Cary Joji Fukunaga en True Detective (HBO) como sus exponentes más destacados de 2014. Actualmente lo hacen también Sam Esmail con la segunda temporada de Mr. Robot o Greg Yaitanes con la inminente Quarry.

La decisión de trabajar así llega en un momento en el que la televisión quiere ahorrar, objetivo que camufla argumentando que un solo director al frente garantiza una visión más uniforme. No es algo nuevo, ya que tanto las sitcom como las series británicas llevan años haciéndolo. Y esencialmente repiten tanto en el cargo porque conoce las posibilidades que las cámaras fijas ofrecen, tiene experiencia con el equipo de la serie y sabe sacar lo mejor del reparto, cuya gracia es lo fundamental para que la comedia funcione al final. En Reino Unido se lleva haciendo años, remontándonos a los programas de sketches de los Monty Python y llegando hasta el trabajo conjunto de Ricky Gervais y Stephen Merchant, que han escrito y dirigido un total de 35 capítulos entre The Office, Extras y Life´s too short. Está claro que un director que tenga más tiempo de trabajo en una serie podrá dejar algo de impronta, preparar las secuencias de otra forma y afrontar la idea como un todo, pero no se puede obviar que estamos al fin y al cabo ante una cuestión práctica. Pero esto no es exactamente el cross-boarding.

Es lo que hacen Juego de tronos, Black Sails, Criadas y malvadas u Outlander. Porque es cada vez más frecuente. La serie Infieles, culebrón veraniego de ABC, rueda así sus temporadas desde el comienzo en 2013. Como curiosidad, apuntar que el hecho de que dos episodios se rueden seguidos no implica que se emitan seguidos. ¿Recuerdan los dos capítulos de la segunda temporada de Penny Dreadful que transcurrían casi por completo en la cabaña de la bruja que enseñó todo lo que sabe de magia a Vanessa? Pues se rodaron juntos, bajo la dirección de Brian Kirk, pero se emitieron como el tercero y séptimo capítulo. Fue en función de las localizaciones, otra manera de ahorrar. El cross-boarding es un fenómeno muy interesante, que surge de una necesidad puramente económica pero que aporta cuestiones muy interesantes sobre la autoría. Es difícil dejar algo de impronta personal es una serie cuando se es un director invitado, pero hacer dos episodios juntos sin duda beneficia la posibilidad de ofrecer un resultado más allá de lo meramente profesional.

Autor: Adrián González Viña

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