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Juego de Tronos: la estrategia de Bran para demostrar sus poderes

Uno de los momentos más especiales de esta temporada de Juego de Tronos ha sido la llegada de Bran al Muro. Acompañado de Meera Reed, Bran conseguía atravesar todo el camino hasta llegar cerca de su casa. La cercanía con Invernalia nos emocionó a todos, expectantes por ver cómo sería el ansiado reencuentro del pequeño de los Stark con los demás. Ese momento se dilataría un episodio más, llegando en La justicia de la Reina.

El momento, muy bien ejecutado en cuanto a tensión dramática se refiere, no fue ni de lejos lo que se esperaba. Mientras Sansa se deshacía en lágrimas abrazando al hermano que creía muerto, Bran era lo más cercano a un témpano de hielo. Su inexpresividad y falta de emoción consiguió el efecto que se pretendía: llamarnos la atención a nosotros, los espectadores. Cuando se cruzó con el Cuervo de Tres Ojos este le advirtió que su transformación tendría consecuencias y es ahora cuando hemos comenzado a verlas…

En un claro ejemplo de mostrar antes que contar, Juego de Tronos narra el cambio sufrido en Bran sin necesidad de darle minutos en pantalla explicando el cómo o el por qué está así. Tampoco ha usado la táctica de ‘persona con poderes demuestra que los tiene haciendo algo épico’, sino que sus acciones son muy sutiles. Es más, desde que llegase a Invernalia el chico no ha dicho nada acerca de sus habilidades, limitándose solamente a proclamarse como el Cuervo de Tres Ojos.

Mientras que otros personajes con poderes, como Melissandre o Thoros de Myr, han de contar en qué consisten y han de demostrarlo, Bran no. La estrategia de Bran es diferente, e incluso más inquietante. La clave para que los demás le crean no está en la insistencia, sino en decir lo que tiene que decir en el momento preciso.

Para que Sansa sepa que él puede verlo todo, Bran escoge el momento más brutal y doloroso de la vida de su hermana. Le da detalles y lo hace sin parpadear, como si lo ocurrido con ella no le afectase lo más mínimo. Sansa no necesita nada más para saber que, efectivamente, Bran ya no es Bran, sino algo o alguien diferente, tan alejado de lo que era su hermano que ni siente ni padece. No obstante, pese a que su momento con Sansa fuera muy incómodo, no es hasta su conversación con Meñique que se puede entender cómo asusta Bran a sus enemigos.  

Petyr Baelish, quien está convencido que es la persona más inteligente de todo Poniente, se ve superado por Bran.  En un acto todavía por describir, se acerca al pequeño de los Stark para entregarle la daga que a punto estuvo de acabar con su vida. ¿Cuál es la reacción de Bran? ¿Cómo le hace entender a Meñique que sabe que él fue el culpable del inicio de la Guerra de los Cinco Reyes? ¿Cómo hacerle un jaque mate al jugador más experto? Con algo tan sencillo como una frase: el caos es una escalera.

No sé si mucha gente la recuerda, pero esa frase forma parte de una de las mejores secuencias de la serie. En ella Varys y Meñique discuten sobre el poder, afirmando Meñique que el caos es una escalera, no un foso, y que hay quienes intentan subirla y fracasan y hay otros a los que hay que dejar subir. Quién sube y quién cae depende de lo que hagan gente como él. Al decírsela, Bran le hace saber que sabe cómo es, qué ha hecho para estar donde está, y que no va a fiarse de él en ningún momento.

 Desde mi punto de vista, un recurso de guion fantástico en el que ambos personajes se dicen más de lo que se ve en pantalla. Los dos se quedan un segundo mirándose, con la seguridad de que el otro es más poderoso de lo que aparenta. Resulta irónico el paralelismo entre Bran y Jon. Los dos han visto a los Caminantes y han sobrevivido, pero mientras Jon es un claro ejemplo de contar antes que mostrar, Bran utiliza una estrategia basada en la información de lo que sabe. Hacer saber que no miente.

Autor: Melania Morillo

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