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[Opinión] El Ministerio del Tiempo: historias de héroes y miserias

Si El Ministerio del Tiempo se hubiese limitado a contar las grandes hazañas de Españas y a ensalzarlas, con total seguridad hubiera sido una serie de mierda. Y no es lo que lo diga yo, lo dice el gran Salvador Martí. Y yo coincido con él, porque la Historia tiene decena de aristas y formas de contarse y porque si siempre ensalzamos las virtudes, ¿cómo vamos a mejorar? Si no recordamos nuestra propia historia, ¿cómo no caer en los errores del pasado?

La Historia hay que contarla con todo lo que es y dando espacio a sus héroes y no tan héroes, a sus aciertos y a sus miserias. Podemos estar más o menos de acuerdo con el pasado, sentirnos más o menos cómodos con nuestra Memoria, pero el tiempo es el que es y las cosas que han sucedido, son las que han sucedido.

Este mensaje, junto con varios más dedicados a la función de la ficción, el arte, el papel de la televisión o la perversión del Patrimonio en pos de una economía agresiva han sido el eje central de Entre dos tiempos, el episodio final de El Ministerio del Tiempo. Pero no solo de él, sino del conjunto en general de la serie.

Y es que El Ministerio del Tiempo no ha dejado títere con cabeza, en el buen sentido de la expresión, consiguiendo añadir un nivel de (auto)crítica a la ficción nacional que no se había visto en mucho tiempo. Una queja constante suele ser la “blancura” con la que se tocan los temas ideológicos en las series de este país, siendo casi siempre un tema evitado y del que apenas se habla. La política es el tema candente y de moda en la calle, el tema de conversación de cada cena de Navidad, pero en el universo de las series parece no existir.

El Ministerio del Tiempo ha supuesto una ruptura de esta tendencia y se ha involucrado en este terreno. Lo ha hecho con personajes transgresores, conservadores, anclados en Antiguos Regímenes, revolucionarios, apolíticos…conviviendo con sus más y con sus menos y mostrando diversidad ideológica, sin dejarse llevar demasiado por el relativismo ni el maniqueísmo. La línea de lo ético siempre ha estado trazada. Al igual que los temas de actualidad, integrados perfectamente en el vaivén del presente y el pasado con metáforas más o menos sutiles,  ya fuese el Ébola o la crisis de los refugiados.

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Algo esencial que ha enseñado El Ministerio del Tiempo es que en los momentos épicos de la Historia, sus protagonistas eran seres humanos.  Con todo lo eso que conlleva. La Armada Invencible fue una mezcla de muchas cosas, pero su fracaso estuvo sustentado por el error de un gobierno liderado por la arrogancia. La leyenda de Hernán Cortés es más benévola que la autenticidad de lo que cuenta, y aunque se nos haya olvidado, claro que hubo disidentes pese a que ellos no pueblen los libros de texto. Los últimos de Filipinas fueron relegados de su papel en la Historia a posta, y gracias a la serie lo ocurrido ha llegado a tener relevancia porque se han preocupado por contar lo que ocurrió… En definitiva, errores y fallas que nos hacen ser quienes somos, que no nos hacen ser mejores o peores ahora, pero que han moldeado el carácter y el imaginario de toda una sociedad.

Otro aspecto a tener en cuenta es la nostalgia de lo no obtenido que se sufre en este país. ¿Cuántas veces hemos pensado en cómo hubiera sido tal o cual acontecimiento si se hubiera dado de forma diferente? Esos what if son los que sustentan las tramas de la serie y  lo que da origen al lema de Salvador. Han jugado de miles de formas con estos supuestos, mostrando lo positivo y lo negativo de cada decisión, y sobre todo colocando a los personajes en dilemas ideológicos muy interesantes. Sin ir más lejos, Alonso esta temporada ayudando a Bolívar a pesar de no comulgar con sus ideas. ¿Por qué? Porque por mucho que nos esforcemos, la Historia es la que es. Solo aceptándolo e intentando comprender los motivos por lo que ocurrió una cosa u otra, lograremos avanzar.

Añadido a esto, lo más llamativo a nivel divulgativo ha sido, desde mi punto de vista, lo bien que han hilado en los “huecos” de la Historia. Desde esa conversación entre Franco y Hitler que nadie sabe muy bien cómo se desarrolló, pasando por cómo era el día a día en la Residencia de Estudiantes o qué pasó con Napoleón durante su visita al convento. Extrayendo el humor y la imaginación a esos momentos, lo importante es lo que se te queda, la retentiva que al final obtienes. Poca gente que vea la serie se va a olvidar que Hitchcock presentó Vértigo en San Sebastián.

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La magia de dar voz a los olvidados es lo que ha hecho grande a El Ministerio del Tiempo. Eso sí: no todo ha sido perfecto, nada lo es, y yo he echado en falta más mujeres relevantes de nuestra Historia, más allá de reinas y señoras de alta sociedad. Pese a que ayudó a visibilizar a las Sinsombrero y a humanizar personajes tan demonizados como la Vampira del Rabal, la serie sí que acusa de otorgar más protagonismo a sus personajes masculinos. Esto, obviamente, no quita que sea de las pocas series en las que las mujeres han estado bien retratadas, con personajes femeninos complejos, empoderados y en posición de poder.

No obstante, puestos a elegir, me quedo con lo bonito. Con lo que nos ha ilusionado. Con lo que han supuesto, ya, para nuestra televisión. Esperemos que el camino que han marcado sea seguido por los que vienen. El público ha demostrado que necesitamos de ficciones así; el Ministerio ha demostrado que tenemos más capacidad crítica de la que nos hacen creer. Nos hemos vuelto a enganchar a la Historia como no lo hacíamos desde Érase una vez…Y eso es todo un logro.

hasta la vista

 

Ya sea en este Tiempo o en otro, Honor y Reputación.

Autor: Melania Morillo

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