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El síndrome de la segunda temporada

El próximo miércoles 13 se estrena la segunda temporada de Mr. Robot (2015-), una de las grandes sensaciones del año pasado. Y como muchas series antes que ella y muchas que vendrán, fue un gran éxito desde su estreno, que fue creciendo y creciendo con el paso de los meses, el boca-oreja y la importancia extratelevisiva que ha adquirido la historia que cuenta. Portadas de revistas, intensas/os fans y hambre por cada detalle que se pudiera conocer de la segunda temporada. Por eso, el creador Sam Esmail lo va a tener difícil para no decepcionar a mucha gente, ese famoso “síndrome del segundo álbum” aplicado al mundo de las series, cuando las expectativas están altísimas. Lo mejor que puede pasar es que no se haya dejado influir mucho por los factores externos y haya decidido seguir contando su historia por los derroteros lógicos que ahora le toquen. Lamentablemente, hay casos de creativos que se han dejando influir demasiado por opiniones externas y en su empeño por querer complacer a todo el mundo, acaban por perder su identidad. En unos días empezaremos a saber qué le pasará a Mr. Robot y a la autoría de Esmail, que por cierto va a dirigir los doce episodios de la temporada, una carga de trabajo verdaderamente generosa, pero que le honra como parte de su empeño en hacer un producto de lo más personal.

Enfocar una segunda temporada es siempre complicado, pero aún más cuando hay muchos pares de ojos y largos dedos esperando para emitir su juicio. Por cada Orange is the new black (2013-) hay un par de True detective (2014-). La segunda de The walking dead (2010-) frente a la de Los Soprano (1999-2007). Como agua y aceite, pero así funcionan las expectativas. El fenómeno fan como determinante en el devenir de una serie, una suerte de Emperador romano que decide en gran medida con su pulgar la continuidad de un proyecto. Y es que complacer a los seguidores de una serie no tiene nada de malo, pero el problema viene cuando es la conveniencia y el ansia por satisfacer a la audiencia lo que mueve el detrás de las cámaras, lo que influye la escritura de los guiones. No hay que despreciar a la gente que se implica personalmente en el apoyo a un producto que les guste, que haya significado algo en su vida. Es muy fácil decir cosas como “ha perdido lo que la hacía tan especial” ó “debería haberse quedado en la primera sólo”, pero los fans deberían estar satisfechos con que se sigan esos rasgos que les han enganchado desde el principio.

Muchas de las mejores series en la actualidad tienen fervientes seguidores, pero son meros espectadores a los que sorprender. Es la diferencia entre tener un plan férreo a la hora de escribir (véanse The wire, Breaking bad o House of cards) o moverse a bandazos en función de la respuesta que se calibra en Twitter. Lo que no está bien es tratar de hacer caso a esa polifónica voz gritona e imposible de discernir que emite su juicio tras (o durante, el colmo de la impaciencia ya) cada entrega. La recompensa debe ser que tu serie favorita siga existiendo, no que hagan esa cosa que te gusta tanto a ti pero que al otro puede ser lo que menos le gusta. Por eso esa segunda tanda de capítulos es tan importante, y por eso también es tan complicado hacerla bien.

Autor: Adrián González Viña

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