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Review |Agents of shield 2×18: “The frenemy of my enemy”

El episodio de esta semana nos deja al borde. Al borde del infarto, al borde de la duda, al borde de todo. Como se suele decir comúnmente, nos ha dejado con el “ay”. Con un final de episodio infartante, el episodio de Agents of Shield recupera esta semana tres cosas que la hacen tremendamente entretenida: Ward, el juego de espías y poderes.

Hay tantas cosas que contar que sencillamente lo dividiré en momentos clave: la negociación con Ward, la relación Skye-Cal y el final. No es por desmerecer lo ocurrido dentro de las oficinas de SHIELD pero lo cierto es que, últimamente, las tramas fueran del núcleo central funcionan mejor.

Comencemos pues con Ward. ¡Qué alegría tenerle de vuelta! Este personaje que llevaba el cartel de “soso” escrito en la frente en la primera temporada, ha resultado ser esencial. En esta segunda, se ha dejado ver poco desde que volviese tras el parón pero, los episodios en los que sale son ligeramente mejores. En este, Ward le ha otorado a Agents of Shield  algo de vuelta: con él ha vuelto el juego de espías y la doble moral con la que juegan los personajes.

Una de las cosas que más de menos se echaba, era el sentido del humor de Coulson

Una de las cosas que más de menos se echaba, era el sentido del humor de Coulson

Si extrapoláramos el sentido político de lo que representa Ward y Coulson, tendríamos ahí una crítica a los apoyos políticos y alianzas. Ward, quien representa al viejo enemigo, de pronto es la mejor opción para un bien mayor.

Sin embargo, no solo eso nos ha regalado Ward. Me parece interesante que de forma superficial y sin querer entrar mucho en eso, la serie se pregunte si lo que hace malvado y traicionero a Ward son sus recuerdos y sus traumas pasados. Si se atreviesen a jugar con esa idea en episodios posteriores, Agents of Shield ganaría una madurez de la cual carece.

Hacer tratos con Ward es hacer tratos con el diablo

Hacer tratos con Ward es hacer tratos con el diablo

Dejando a un lado a Ward, el otro punto importante en la historia de este episodio es Skye. Recientemente se ha podido comprobar –o al menos, así creo- que los episodios centrados en ella tienen más homogeneidad y no tienden tanto a derivar. Tanto es así que no han recurrido a recursos narrativos como flashbacks, tal como pasase en los episodios centrados en Bobbi o May.

Con Skye comenzamos la acción justo donde la dejamos: la cena con sus padres. Parece ser que todo más o menos vuelve a la normalidad si no fuese porque van a abandonar a Cal a su suerte. Esto pone en una encrucijada a la chica quien en honor a su deber como agente de SHIELD, decide irse con su padre para proteger a los posibles heridos por su ira.

Una de las mejores cosas de este episodio ha sido Deathlock

Una de las mejores cosas de este episodio ha sido Deathlock

Quién le iba a decir que empatizaría con él.  El que se haya descubierto un poco más de Cal, nos da una idea del personaje y el nivel de locura que alcanzó. Ciertamente, el desenlace se me ha hecho muy amargo y todo el proceso de Skye conociendo a su padre es, a la par, doloroso y bonito. Doloroso porque todos sabemos el cometido de Skye y bonito porque durante un segundo, empatizamos más con ambos.

En un in crescendo –algo de lo que están empezando a abusar los guionistas- de la acción, se conjugan por un segundo todas las tramas de Agents of shield hasta la fecha. Por un lado Skye y su búsqueda, por otro Ward y su extraña relación con el binomio Hydra-SHIELD, luego Hydra haciendo de las suyas y por supuesto, la nueva SHIELD asistiendo a todo.

Muy oportuno el hackeo de Simmons

Muy oportuno el hackeo de Simmons

El momento en el que Simmons ve a Coulson y a Ward como buddy cops es un poco recurso in extremis para justificar las acciones de la nueva SHIELD.  No obstante, ciertas partes del final sí me han parecido acertado porque nos devuelve a la idea principal de la serie, al maniqueísmo propio de la historias de superhéroes.  Se echaba de menos la lucha entre la organización e Hydra, y más aún, los juegos de espías.

 

Autor: Melania Morillo

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