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Review de Sherlock 4×03: The Final Problem

*este texto contiene spoilers

Las circunstancias que rodean a la puesta en pie, desarrollo y ejecución de un proyecto no deberían ser consideradas para valorarlo críticamente, ya que dicho proyecto habla por sí solo una vez terminado, pero es que a veces la información sobre su producción puede ser importante para entender el resultado final. O ‘salvarlo’. Dicho sin rodeos: sí, la cuarta temporada de Sherlock (2010-) es la peor de la serie. Está desnivelada, es irregular en el interés de lo contado y es más que evidente que tres capítulos de hora y media no eran suficientes para contar lo que Mark Gatiss & Steven Moffat querían contar. ¿Cuál es ese apunte extra-televisivo?

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No se puede obviar que las agendas de los excelentes Benedict Cumberbatch y Martin Freeman son la principal razón que dificulta la emisión anual de episodios de Sherlock. De hecho, los creadores han dicho en más de una ocasión que hacer estas tres entregas (estrenadas tres años después de la temporada anterior) fue complicado en ese sentido. Lo cual no deja de ser irónico porque la carrera de la que ambos disfrutan en la actualidad se debe a Sherlock. Pero la razón por la que que esto es importante y conecta con la calidad del producto final es que estos 270 minutos de serie están sobrecargados, repletos de puntos a tocar y tramas con las que lidiar.

El problema de esto es que hace muy difícil la necesaria conexión emocional con los sucesos relatados, así que no da tanta pena como debiera la muerte de Mary y la soledad de Watson, los detectives vuelven a unirse tras la desgracia con rapidez, los villanos -muy bien interpretados todos, eso sí- no pueden quedarse mucho en nuestra memoria porque su historia termina antes del minuto 80, el bebé Watson pasa a tal segundo plano que olvidamos su existencia y Molly pasa a ser, si era posible, un personaje más unidimensional incluso, presente al final solo como herramienta narrativa.

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Y eso que El problema final está repleto de ingenio y giros sorprendentes (la revelación sobre quién controla la prisión, la explosión del apartamento), pero todo sucede demasiado rápido. Eurus es una villana temible a la que no se atreven a dañar, así que la resolución de su trama es una torpe concesión (¿nos debe dar pena quien mata a varias personas porque sí?) y todo parece volver a la normalidad. En su empeño por hacer una temporada más oscura de lo habitual y sorprender a la audiencia con giros de guion, se ha quedado por el camino una buena parte de humanidad, lo cual es llamativo porque ésta es la temporada con mayores momentos de bienvenida cotidianidad (Sherlock y Faith paseando por Londres, John y Mary en su hogar).

Gatiss & Moffat tenían que resolver por fin el misterio de Moriarty, lo cual hacen de manera sencilla e ingeniosa, y cerrar en cierta manera la trama que comenzara en 2010. No es casualidad que el final de la cuarta temporada de Sherlock sea el primero en no tener un cliffhanger de despedida, sino el uso de una grabación de Mary como resumen de la historia y didáctica lección sobre los personajes. No se sabe con seguridad si habrá más episodios de la serie, pero ojalá sea el caso, porque despedir una brillante historia de esta manera es dañar el legado de tamaño éxito.

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Autor: Adrián González Viña

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