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“The Good Doctor”, la sorpresa de la temporada

Supongo que todos recordamos al Dr. House, incluso si no hemos visto la serie. Intuyo que no se nos ha olvidado su personalidad ególatra y brillante. Pues su creador, David Shore, acaba de estrenar su nuevo éxito – adaptación de un drama surcoreano – protagonizado por un nuevo médico, también brillante pero para nada narcisista. The Good Doctor se emite un nuevo capítulo cada semana en la cadena estadounidense ABC, y también en España en AXN (los martes a las 22:05). 

The Good Doctor gira en torno al personaje de Shaun Murphy (Freddie Highmore), un joven cirujano residente que padece autismo y savantismo (síndrome que dota a las personas con un talento extraordinario, en este caso memoria fotográfica). A pesar de la complicada y traumática infancia de Shaun, consigue convertirse en un médico con mucho talento y es reclutado por el doctor Aaron Glassman (Richard Schiffy) en la unidad de cirugía del prestigioso hospital San José St. Bonaventure. No obstante, no toda la junta del hospital se muestra conforme con la decisión de incluir en su equipo a un cirujano con autismo. Shaun no tarda en despejar las dudas y demostrar su valía y talento, a pesar de los desafíos y prejuicios que se encuentra en su camino día a día.

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La serie ha resultado ser la más vista del canal por detrás de una veterana de la medicina, Anatomía de Grey. ¿Cómo lo ha conseguido? Como espectadora de la serie, no esperaba encontrarme una serie con tanta calidad pero atribuyo su temprano éxito a los siguientes factores:

Por un lado la magistral interpretación del que hace unos meses se metía en la piel del psicópata Norman Bates en la serie Bates Motel. Highmore era una apuesta segura para un papel tan peculiar y delicado, y sin duda no se han equivocado. Entre el guión y la capacidad actoral de Freddie Highmore, nos encontramos ante uno personaje tierno que nos hará querer abrazarlo (aunque a él no le guste) y protegerlo.

Por otra parte, y en relación al personaje protagonista, se muestra de manera muy correcta lo que supone ser autista y cómo se comporta la gente alrededor de una persona con esta enfermedad. No soy experta, no se si realmente me equivoco en esto, pero no he visto prácticamente ninguna queja hacia esto, por eso la serie se lleva muchos puntos a favor.

Como la gran mayoría de series de hospitales y comisarías de policía, esta ficción presenta un formato de tramas verticales según las cuales cada capítulo es un mundo. Cada capítulo es un caso y un paciente distinto, un nuevo problema por resolver. Aquí entran en juego no solo los conocimientos médicos y casi milagros que ejecutan los personajes, sino también tabús y temas conflictivos entre los profesionales y sus pacientes. 

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Es un dramón, un dramón para llorar. Aquellos a los que no les ha gustado demasiado la serie acuden a ello pero, ¿qué tiene eso de malo? Muchas series aclamadas por los más exquisitos críticos lo son. Y esta es una de las mejores bazas de The Good Doctor, bajo mi punto de vista. El sentimentalismo está presente en cada capítulo, y aunque muchos momentos son debido a malos momentos en la vida de sus personajes, las lágrimas vienen muchas veces por la sensación de alivio y alegría.

Por último, pero nos menos importante, en lo personal me gusta mucho la manera de mostrarnos los conocimientos sobre medicina que va recordando el personaje de Shaun; una manera atractiva y dinámica.

En días como en los que vivimos nos hace falta reír, por supuesto, pero también nos hace falta llorar y disfrutar por la bondad del ser humano.. aunque esta la encontremos en pequeñísimas dosis.

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Autor: Elisa Portillo

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