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The Good Fight, la serie que pensé que no me gustaría (y me acabó encantando)

Hace un tiempo, cuando The Good Wife comenzó a ser la serie de cabecera de muchos, decidí darle una oportunidad. Me vi gran parte de la primera temporada, y por alguna razón –que no lo logro recordar-, la serie protagonizada por Julianna Margulies no me terminó de convencer. La aparqué y aparqué y al final decidí que sería otra gran serie más que desconozco. Al anunciarse The Good Fight me pregunté si no debería echarle un vistazo. Y eso he hecho.

He de decir que yo iba con el prejuicio de que, al ser un spin-off de The Good Wife, seguramente la historia ni me atraparía ni me gustaría. Al principio fue así: a punto estuve de rendirme a los veinte minutos. ¿Otra historia de personas ricas que roban a gente indiscriminadamente? ¿Terminología y tecnicismos relacionados con el sistema judicial norteamericano? Sinceramente, no pillaba nada y apenas hacía el esfuerzo por intentarlo.

Ni tan siquiera la presencia de Christine Baranski –Diane Lockhart- y Rose Leslie –Maia Rindell- me mantenían el interés…no obstante, por pura cabezonería me terminé el piloto. Y menos mal que lo hice.

The Good Fight me ha atrapado sin remedio. Una parte de mí está dándole una fuerte reprimenda a mi yo del pasado por no haber visto la serie ‘madre’ –seguro que muchos detalles, personajes e historias personales se me escapan al no saber de dónde viene-, pero otra se alegra de ir completamente en blanco.

Este spin-off aguanta muy bien la tentación de darlo todo por explicado, ofreciendo sutilmente detalles que ayudan a una espectadora nueva, como yo, a situarse. Sus personajes están tan bien dibujados que no necesitas una larga explicación previa.

¿Mike Kresteva es un tipo sin escrúpulos y dispuesto a todo por conseguir lo que quiere? ¿Tiene una relación difícil con Diane? Sí, y sí. ¿Cómo se refleja eso en la serie? Con una conversación de apenas cuatro minutos entre él y ella. Toda esa información se condensa en un cruce de palabras corto, tenso y dominado por la necesidad de superioridad entre ambos. Yo, como espectadora nueva, sé que Kresteva va a ser un dolor de cabeza para el bufete, y que no es la primera vez.

¿Es por esto que The Good Fight me ha seducido? No. Lo más divertido es que la serie no me enganchó por un giro de guion dramático, ni por unos actores soberbios –te queremos, Cush Jumbo-, sino por una frase. Se la dicen a Diane en el piloto, encendiendo mi curiosidad por saber cuál es el lado correcto de la ley según The Good Fight. Efectiva como pocas, esa frase va a dirigir la vida de todos en el bufete, siendo el leit-motiv de sus personajes principales.

Y qué personajes principales. ¿Os imagináis una serie protagonizadas por tres mujeres, de diferentes edades, razas y orientación sexual? Pues eso es The Good Fight. Sus tres protagonistas dan pie a tramas muy diversas, donde temas como la conciliación familiar, el matrimonio, la sexualidad o los privilegios están a la orden del día. Me gusta especialmente que Diane sea el catalizador de las más jóvenes, porque por un lado es un reflejo de la persona que Quinn puede ser en un futuro, y por otro sirve como inspiración para Maia en un momento muy difícil a nivel personal. Esto unido a un bufete fundado por afroamericanos, especializado en temas como la brutalidad policial o el racismo hacen de The Good Fight una serie sin miedo.

Además, creo que es necesario añadirlo, esta serie es de las pocas que están incluyendo la realidad social norteamericana en sus tramas. El pistoletazo de salida es la elección de Donald Trump como presidente, siendo esto mismo foco de problemas al ser un bufete ‘pro-Hillary’.

Mi recomendación es que si buscas una serie que se mete en varios ‘fregaos’, con personajes que rebosan carisma y con la que aprender un poquito sobre las políticas en Estados Unidos, The Good Fight puede ser tu mejor opción. Yo la empecé sin expectativas y aquí estoy, escribiendo para recomendáosla.

Autor: Melania Morillo

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