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[Análisis] Bloodborne

Existen juegos que intimidan al propio jugador, lo desafían a que se atreva a adentrarse en sus profundidades, riéndose de él con sus peligros y amenazas. La saga iniciada con Demon’s Souls creó toda una subcultura moderna en los videojuegos que recuperaba el espíritu de la vieja escuela, en la que los videojuegos suponían un desafío al jugador que no tenía clemencia con él y lo sacudía una y otra vez mientras los más atrevidos seguían intentando avanzar, aprendiendo de sus errores y mejorando a base de palos. No lo neguemos, la nueva generación está plagada de títulos sencillos y simples que no ofrecen ni nada nuevo ni nada demasiado “divertido”. Quizá la palabra que más se puede utilizar es “entretenido”, pero nos puede entretener de la misma forma dar un paseo que matar enemigos disparando.

bloodborne

Bloodborne es el nuevo juego de From Software dirigido por Hidetaka Miyazaki, una compañía que se esfuerza por ofrecer juegos con gran calidad de contenidos, y además con una buena cantidad de horas y horas detrás. Se trata del cuarto juego que sigue el espíritu Souls, basado en la dinámica de un personaje solo ante el peligro que progresa subiendo atributos y cuyo control debe ser muy medido y calculado para responder a las agresiones de nuestros enemigos al tiempo que golpeamos. Aquí el registro cambia de época, trasladándonos a la victoriana y gótica Yharnam, ciudad oscura, tétrica y deprimente que oculta retorcidos y horribles secretos.

Bienvenidos a la pesadilla

Bloodborne comienza de forma similar a los anteriores juegos, creando un personaje con un editor bastante completo y atribuyéndose unas estadísticas iniciales acorde con el estilo de juego con el que queremos comenzar, más centrado en aguantar golpes o en hacer más daño. Y una vez empezamos, morimos irremediablemente -o no-, a manos de una bestia salvaje que nos espera al final del pasillo. De nuevo, la propia narrativa queda impresa dentro de las mecánicas jugables, y esta es la forma que tiene Bloodborne de darte la bienvenida: “sí, vas a morir, ve acostumbrándote”.

Despertamos en el sueño del cazador, una suerte de zona segura en la que obtenemos nuestra primera arma con truco (cuerpo a cuerpo) y nuestra primera arma de fuego. A diferencia de los Souls, en Bloodborne los combates son mucho más dinámicos y directos, obligándonos a comportarnos de manera mucho más ofensiva ante el daño sufrido (gracias al sistema de recuperación de vida atacando) y por la ausencia de escudos o herramientas defensivas. A cambio, el control del personaje es mucho más rápido, capaz de esquivar con mayor velocidad. Y una vez equipados, nos aventuramos en la ciudad del trasvase de sangre.

La noche del cazador

Comenzamos nuestro recorrido en el centro de Yharnam, acunados por el incipiente atardecer que precede a la noche. A pesar de que no recordamos nuestro pasado, tenemos una misión, convertimos en un cazador de bestias, humanos transformados por culpa de una plaga que transmite la enfermedad que los convierte en monstruos a raíz de los transvases de sangre corrupta. Toda la mitología del juego se basa en clásicos de terror gótico victoriano: la plaga, los hombres lobo, los personajes malditos, e incluso existe una gran influencia de literatos de la época. En estos aspectos, Bloodborne es mucho más un survival horror que sus antecesores, no sólo por su trama, sino por la disposición de los enemigos y la forma de afrontarlos. Y eso por no hablar de ciertos sustos puntuales que podemos sufrir al ser atacados por entes que acechan en las sombras.

Bloodborne

Al explorar Yharnam nos damos cuenta de que los escenarios están brillantemente diseñados, y a medida que avanzamos desbloqueamos atajos y encontramos áreas ocultas dónde conseguimos más objetos. Es precisamente en la exploración y en los objetos donde el título cambia respecto a otros juegos de From Software. En vez de contar con un sinfín de armas y atuendos, el número de obtenciones disminuye aumentando la de objetos más comunes. El objetivo es equilibrar más el sistema y que el jugador use más equitativamente las opciones disponibles, una cuestión más desequilibrada en anteriores títulos, en los cuales al final usábamos una o dos armas dejando el resto de lado. En cuanto a los objetos, al menos dos de ellos se vuelven completamente indispensables para avanzar: los viales de sangre y las balas de mercurio.

Los viales son nuestro principal medio de recuperar salud y las balas de mercurio la munición para las armas de fuego y las herramientas de cazador (objetos de uso ilimitado que sustituyen a la magia en el juego, con funciones de apoyo o de ataque, y que requieren del atributo arcano para ser empleadas). En total podemos llevar hasta 20 de cada una, y si recogemos más, esos objetos se pierden por exceso. Quizá esta cuestión es la más polémica, ya que al sólo poder llevar cierto máximo de objetos encima, si recogemos más de la cuenta se perderán para siempre en vez de poder almacenarse. Tiene sentido pero nos obliga a guardar objetos constantemente, mucho más engorroso ya que el juego automáticamente repone nuestros suministros de viales y balas al volver al sueño del cazador.

Una obra intimista y pensada para el jugador exigente

Una cosa es segura, Bloodborne no es para todo el mundo. Descubrir todos los secretos requiere de algo más que exploración, ya que algunos caminos no son tan claros y algunas opciones secundarias nada fáciles de descubrir. En este sentido Bloodborne se convierte en el título más brillante y excéntrico de la compañía, y sin entrar demasiado en sus numerosos spoilers, adelantamos que al menos la mitad del juego es opcional. De esta forma se compensa al jugador amante de la exploración y exigente con descubrir los recovecos del título, que vuelve sobre sus pasos para descubrir nuevos detalles y misiones secundarias. Aún así, muchos secretos son verdaderamente secretos y requieren de puro azar para ser descubiertos, lo que maximiza la sensación de que el juego esta pensado para jugar varias veces y así descubrir todo lo que ofrece. Esta estrategia plagada de misticismo cambia la tónica creada con Dark Souls, que contaba con un mayor número de escenarios pero más disgregados, mientras que Bloodborne esconde escenarios dentro de otros dando la sensación de que es un juego más pequeño en tamaño, pero no por ello le dedicaremos menos horas.

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La duración media de juego es de unas 40 horas si sabemos administrar bien las armas, probando varias hasta encontrarnos a gusto con una (en este sentido recomiendo el hacha de cazador como arma inicial porque es muy versátil para casi toda la aventura) y mejorándola con las piedras de sangre para mejorar el daño causado. Las armas de fuego se usan principalmente para desorientar a los enemigos y para aturdirlos, lo que nos permite realizar ataques viscerales, ataques especiales críticos que pueden acabar de un golpe con enemigos duros. Y luego tenemos las runas de Caryll, que desbloqueamos al avanzar un poco en la partida, y que sustituyen a los anillos de anteriores juegos proporcionándonos ventajas adicionales.

La sangre nos hace más que hombres

Bloodborne está algo más simplificado que Dark Souls respecto a atributos, con sólo seis: Vitalidad (que mejora nuestra barra de vida), brío (que nos aporta más energía para esquivar y aumentar los combos), Fuerza (que domina el daño y el manejo de armas poderosas), Destreza (que gobierna el daño y uso de armas rápidas), Viveza de sangre (centrado en el daño de armas de fuego y armas que emplean sangre) y Arcano (centrado en daño de carácter mágico y necesario para usar las herramientas). Podemos personalizar a nuestro personaje para que se centre en diferentes estilos, aunque al menos aquellos que prefieran mejorar Viveza de Sangre y Arcano tendrán que esperar a que el juego avance bastante para encontrar armas y herramientas basadas en estos atributos.

El uso del cooperativo online vuelve a resultar muy importante, esta vez centrado en la Lucidez, que obtendremos al vencer a los imponentes jefes finales, y que nos permite tocar una campana para llamar a otros jugadores para nos ayuden en esos combates en los que estamos atascados. Conseguir colaboradores no resta ni una pizca de intensidad a los combates, que siguen siendo complicados y pueden darnos malas sorpresas.

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Aparte seguimos contando con el multijugador competitivo para enfrentarnos a otros jugadores a cambio de los ecos de sangre (el dinero que sustituye a las almas para comprar objetos, armas, atuendos y para subir de nivel). No olvidemos que de nuevo al morir perderemos los ecos reunidos, y a diferencia de los anteriores juegos, ahora no siempre recuperaremos lo perdido al recoger una mancha en el suelo donde morimos, ya que a veces tendremos que acabar con el enemigo nos mató previamente.

Se ha incorporado a su vez un nuevo elemento, las mazmorras del cáliz, que tienen variantes fijas y variantes que cambian su forma para ofrecer desafíos imprevistos. Esto aporta una ilimitada oferta de mazmorras siempre y cuando reunamos los materiales adecuados para crearlas, siendo las más profundas las más complicadas de crear por requerir materiales que aportan jefes secretos y poderosos.

Conclusiones

Bloodborne es sin lugar a dudas el gran exclusivo de Playstation 4 que sus usuarios esperaban. Si es cierto que no es para todos los públicos ni para aquellos que no lleven muy bien aquello de morir continuamente, pero sin duda será una delicia para los fans de los desafíos y de la saga Souls. En muchos aspectos, se trata de un juego hecho para los jugadores, que mantiene la tensión y nos ofrece una misteriosa y tétrica historia escondida entre sus detalles y los textos de sus diferentes objetos, nunca del todo clara ni explícita. Todos los detalles de su argumento se pueden leer en la arquitectura, en sus personajes, en su magnífica banda sonora y en los elementos que encontramos en cada rincón. Una magnífica forma de aprovechar el propio juego para contar la caída de Yharnam. Si eres amante de las historias de terror y de los juegos profundos y exigentes, sin duda Bloodborne era el juego que esperabas. No ofrece nada nuevo para la nueva generación salvo unos gráficos más apurados y un mejor esculpido en escenarios, armas y trajes, y además aún es necesario solventar un problema con cargas demasiado largas, pero sin duda es mucho mejor juego que la mayoría de los sacados hasta ahora para las nuevas consolas.

Autor: Alejandro Ruiz

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