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Los Feroz premian al tráiler y el cartel… algo que también es importante para una película

Últimamente he escuchado en varias ocasiones cosas como “pues anda que premiar un cartel de una película”, “¿de veras le dan un premio al que hace el tráiler?”, “menudas categorías rídiculas para unos premios”… y perlas por el estilo. A mí estas afirmaciones, dichas además con cero conocimiento de causa y una cierto rintintín despectivo, me agotan. Sobre todo, cuando vienen con una reivindicación detrás del tipo “¿por qué no se premia a foto?” o “¿y el mejor premio a guionistas?”. No porque estas reivindicaciones carezcan de sentido, sino por la tendencia y necesidad de desmerecer el trabajo ajeno para validar el propio.

Es cierto que los equipos técnicos tienen muy poca representación en el circuito de premios de nuestro país. El trabajo compartido de un equipo enorme se suele ver ensombrecido por categorías como dirección, algo que se queda corto si pensamos en toda la maquinaria necesaria para llevar a cabo una película. La queja es legítima, por supuesto, pero que lo sea no otorga derecho a desprestigiar la labor de otros profesionales.

En el contexto de los Feroz, donde quien vota es la prensa, los premios a mejor cartel y mejor tráiler tienen mucho sentido. El marketing detrás de un proyecto cinematográfico es casi tan esencial como el proyecto en sí, y prueba de ello es la vida media de las películas en taquilla. No siempre triunfan aquellas que son de una increíble calidad, a veces lo hacen la que consiguen estar en todas las marquesinas de la ciudad o las que han conseguido que la gente hable de ella por algo relacionado con su diseño. Y ahí entran cartel y tráiler.

El arte de diseñar un buen póster es más complejo de lo que podría parecer a priori. Tiene que recoger, en apenas un sencillo vistazo, las características más llamativas de la historia que cuenta. Debe ser atractivo, llamar la atención y conseguir el equilibrio entre diseño y publicidad. Una tarea para nada sencilla y de la que la película depende enormemente, sobre todo si su presupuesto no da como para tener una campaña agresiva de promoción.

Este arte se ve ensombrecido en numerosas ocasiones por carteles de dudosa calidad, un argumento que es aplicable en casi todos los aspectos de la industria cinematográfica. Sin embargo, como suele ocurrir con casi todas las artes visuales relacionadas con el diseño, este parece que requiera menos dificultad y eso, por tanto, lo hace un blanco más fácil a las críticas.

En el caso del tráiler, todavía considero que es más grave que los sibaritas del cine critiquen que se premie al que está mejor realizado. Si nos ponemos a hablar de aspectos pocos reconocidos del mundo del cine, el oficio de montador es, posiblemente, uno de los menos reconocidos y apreciados de cuanto existen. Son esenciales para el cine, y aquellos que se dedican al montaje de tráilers son capitales para que las películas salgan adelante.

Al igual que ocurre con los carteles, los tráilers hacen que el gran público tenga interés en ver esto o aquello. Un buen tráiler puede salvar una campaña de marketing regulera, y eso significa salvar los muebles del estudio de turno y de su distribuidora. No es un trabajo sencillo y conlleva una gran responsabilidad, por ello hay especialistas que dedican su vida profesional a ello.

Que los Premios Feroz quieran reconocer el trabajo del –denostado- departamento de marketing y valore el trabajo de aquellos que hacen que se hable de las películas me parece más un acierto que un problema. Conseguir que se valoren oficios como el de guionista, montador o foto es tarea de todos, pero eso no pasa por echar por tierra otras profesiones.. Es de agradecer, por tanto, que por una vez se mire más allá del glamour de los intérpretes o los nombres de los directores y se comience a apreciar la labor de quienes consiguen que sepamos qué películas están en cartelera y nos pique el gusanillo de verlas.

Por mucho que nos pese, no hay cine sin marketing.

Autor: Melania Morillo

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